Tras protagonizar la exitosa película chilena “La misteriosa mirada del flamenco” (2025), Matías Catalán se encuentra recorriendo el país realizando múltiples conversatorios en torno al largometraje, como parte del 4º Mes de la Red Salas de Cine de Chile. En una entrevista exclusiva con Solo Artistas Chilenos, el actor nos habla sobre las similitudes entre el cine y el teatro, analiza la importancia de los cineforos y detalla su futuro actoral. “Estoy emocionado por lo que depara mi destino”, confiesa.
Resultando premiada en festivales internacionales como Cannes, San Sebastián y Bruselas —por solo nombrar a algunos— y convocando a miles de personas a lo largo de Chile tras su estreno en salas nacionales el pasado 12 de marzo, el éxito de “La misteriosa mirada del flamenco” (2025) es indiscutible. Con más de 6500 espectadores, la película dirigida por Diego Céspedes no sólo se convirtió en uno de los estrenos chilenos más populares en la historia del Centro Arte Alameda, sino que se coronó como el largometraje más visto en su nueva sede en Sala CEINA, superando a títulos como “Denominación de origen” (2024) y “Aftersun” (2022). Hasta la fecha de esta publicación, ha permanecido 15 semanas en cartelera de forma ininterrumpida. Y esto es tan solo ejemplificando con una sala independiente de Santiago.
A lo largo de junio, 16 espacios asociados a la Red Salas de Cine de Chile han presentado una programación especial bajo el título “Cine, desobediencia y futuros posibles”, con el fin de conectar a diferentes públicos y territorios a lo largo del país por medio de largometrajes que registran las tensiones, conflictos y vivencias de su época, siendo “La misteriosa mirada del flamenco” una de las películas destacadas de la muestra, al punto de ser programada en 10 salas nacionales. En ese contexto, un actor de la película resultó el encargado de representar al equipo del largometraje a lo largo de diversas instancias de diálogos con los públicos: Matías Catalán, quien interpreta a la titular Flamenco.
“Siento que los cineforos son parecidos al teatro. Hay una conexión con el público que te permite dialogar, conversar e incluso sentir el cariño de la audiencia”, comenta el actor a Solo Artistas Chilenos. “He podido recorrer diferentes localidades en donde la película no había llegado y estaban ansiosísimos por verla. Incluso en lugares como Santiago, en donde permanece en cartelera, aún hay gente que quiere verla, conversar y debatir luego de cada cineforo”, puntualiza.
A pesar de los paralelos que realiza entre los cineforos y el teatro, el actor siente que no hay mucha diferencia entre filmar una película y las artes escénicas que no dependen de una cámara, sino que el proceso responde a “una especie de voluntad actoral” que cambia dependiendo el formato. “Para mí el lente es el espectador que está sentado en la butaca”, afirma. “Si yo tengo al espectador a 5 m, voy a actuar para que se proyecte hasta esos 5 m. Y si tengo mi cuerpo a 10, 20 o 30 cm de un lente, voy a proyectarme hacia esa longitud”. Sin embargo, el artista destaca la oportunidad que el cine brinda para explorar el mundo interior de los personajes que, en sus palabras, a veces quedan de lado en el teatro. “Las películas con actuaciones realistas y minimalistas te permiten observar detalles en el rostro o en la respiración que te hacen intuir lo que piensa un personaje. El cine me permite mirarlo a los ojos y descubrir cosas distintas”.
Situada en el Chile de 1982, “La misteriosa mirada del flamenco” nos presenta la historia de una comunidad travesti en un polvoriento pueblo minero del desierto de Atacama. Sin embargo, fue otro el árido largometraje chileno con el que Matías Catalán debutó en la pantalla grande: el thriller “Oro amargo” (2024), su primer rodaje profesional tras salir de la escuela de teatro. “¡Fue súper especial para mí! Cada vez que llegaba al set y miraba los paisajes en donde teníamos que grabar quedaba impresionado. Piensa que desde Hollywood vienen a grabar al desierto chileno y yo lo estaba logrando con mi primera película”, recuerda el actor, quien en la ficción fue parte de un sindicato de mineros con Daniel Antivilo, Moisés Angulo y Michael Silva. Aunque claro, para su segunda película se vio enfrentado a un desafío mayor: interpretar a Flamenco.
“El proceso de construcción del personaje fue bastante largo”, detalla Matías Catalán, quien dedicó cuatro meses de preparación al rol, ensayando diariamente el guión, buscando referentes y perfeccionando los manierismos del personaje, al punto de probar una voz más gastada, teñirse el pelo y adelgazar cerca de 10 kilos. “Pesar 50 kg te deja bastante decaído, energéticamente hablando. Mi abuela no podía visitarme ya que no soportaba verme así de flaco”, confiesa el actor. “Ha sido lindo el proceso de promoción, entrevistas y ahora la gira de cineforos que ha tenido la película, porque hablando de esto mismo me he dado cuenta de muchas cosas que yo le entregué a Flamenco y que Flamenco me entregó a mí”.

— Flamenco representa una figura materna para Lidia, interpretada por la joven actriz Tamara Cortés. ¿De qué manera construyeron el vínculo que vimos en la película?
El vínculo con Tamara fue bastante orgánico. Yo la conocí desde su casting y siempre sentí que tenía que ser ella; tenía la esencia de Lidia. El gran desafío para mí fue reconocer sus puntos vulnerables y lograr que abra su corazón.
— ¿Y cómo lo lograron?
Creo que lo logramos jugando, copuchando, compartiendo, viéndonos y estando el uno al lado de la otra. Diego Céspedes también fue pieza fundamental; éramos un grupito de tres. La Tamara nos palabreaba y nosotros se la devolvíamos, por ejemplo. Se fue dando una amistad muy espontánea, al punto que la relación de Flamenco y Lidia fue una de las más naturales que surgieron en el rodaje. Ella me entregó mucho de su sensibilidad y yo también de la mía. Hicimos un lindo match.
— Una vez finalizado el rodaje, ¿cómo viviste el proceso de “quitarse” el personaje de encima?
Me encanta transformarme de un personaje a otro, pero implica una carga emocional bastante fuerte. Cuando dejábamos de grabar la película, yo necesitaba parar inmediatamente; la carga emocional hacía que el desgaste físico resultara igual de fuerte. Siempre he sido muy quejón de mi pelo y para este papel me vi obligado a tener un corte que me hacía sentir incómodo. ¡El pelo encapsula mucha energía! Y como el personaje pasa por tantas cosas fuertes, sentía que todo eso estaba en mi cabello. Así que en cuanto terminamos, lo primero que hice fue teñirme el pelo, cortarlo e irme inmediatamente de vacaciones. Necesitaba que mi mente fuese a otro lugar.

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Flamenco trepa por Chile
Hoy en día, Matías Catalán se encuentra recorriendo el país conversando sobre “La misteriosa mirada del flamenco” en el contexto de la cuarta edición del Mes de la Red Salas de Cine, un evento organizado por la Asociación Gremial Red Salas Independientes de Cine de Chile que invita al diálogo y la reflexión en torno a producciones nacionales e internacionales, potenciando espacios de mediación que acercan al público a las películas.
“Es muy rescatable la labor que hace la Red de Salas para democratizar el acceso al cine chileno, sobre todo si piensas que hay regiones en donde muy rara vez programan películas nacionales”, opina el actor. “Lo bueno de estas actividades es que motivan a nuevos públicos a ver la película y, de paso, logran darle tribuna a salas independientes y los futuros estrenos que estarán allí”.
Con funciones en Antofagasta, Coyhaique y algunas salas de Santiago, Matías Catalán ha sido parte de una serie de multitudinarios cineforos que no tan solo han destacado el valor que tienen los espacios independientes de exhibición en Chile, sino que han ayudado a resaltar su rol fundamental en la circulación de películas que invitan al diálogo y la reflexión. Y dentro de ese mismo carácter reflexivo, el actor siente que los conversatorios le han ayudado a despedirse de Flamenco. “Una vez que la película se estrenó recién pude soltar un poco el personaje, terminar de entenderlo, y darme cuenta qué cosas me dejó y cuáles se llevó”, asegura.
“Recuerdo que tras una función en Valdivia, una señora contó su experiencia como pobladora, conociendo y cuidando a personas con sida hace algunas décadas. Ella vivió lo que se cuenta en la película en carne propia y quiso contarlo a la audiencia. De alguna manera, su relato ayudó a que la exhibición fuera aún más aterrizada entre los espectadores; alguien te estaba diciendo a la cara ‘sí, esto ocurrió y me pasó a mí’. Hay otras anécdotas que encuentro memorables pero son de carácter más personal”, afirma el actor. “Prefiero no contarlas ya que me las confiaron después de los cineforos”.

— ¿Sientes que ha cambiado tu percepción del cine luego del estreno de “La misteriosa mirada del flamenco” y sus respectivos conversatorios?
¡Totalmente! Para el estallido social pensaba “mi carrera no le sirve a nadie” o “soy inútil porque no soy abogado, doctor o trabajador social”, por ejemplo. “¿A quién ayudo con mi carrera?”. Bueno, los cineforos me han demostrado que cuando uno hace su trabajo y empatiza con el personaje, puedes lograr que otras personas que te ven se pongan en el lugar del otro. La gente conecta, te comenta y puedes escuchar su experiencia. Les guste o no les guste lo visionado, te vas dando cuenta de lo vivo que está lo que estamos contando. En el caso de “La misteriosa mirada del flamenco” ocurre con la discriminación, el amor romántico, la vulneración a los derechos universales de cada persona y de los niños, entre otras cosas. Cada vez que vamos conversando y debatiendo en torno a la película nos damos cuenta que muchas de las situaciones filmadas siguen sucediendo y que hay muchas cosas que no se estaban diciendo pero la historia impulsó a sus espectadores a hacerlo. ¡Eso es maravilloso! Ahí uno recién puede decir “ya, lo estamos haciendo bien”. La cultura es importante porque a veces la gente necesita verse reflejada en una pantalla o en un escenario para entender lo que le está pasando. Yo mismo lo necesito muchas veces. Por eso me gusta ir al teatro o al cine; salgo transformado.
— Hace poco participaste del rodaje de una miniserie de televisión que ganó el Fondo CNTV, donde interpretaste a Cristian Valenzuela, el primer medallista paralímpico de Chile. ¿Cómo fue esa experiencia?
Muy difícil. Siempre que uno representa a una persona real —y en este caso, a un personaje histórico del nivel de Cristian— es un poquito angustiante, ya que uno tiene la responsabilidad de defender la historia de dicha persona. No debe ser burdo, ni entrar en caricaturas; debe ser real. Como te dije hace un rato, me gusta mucho el realismo y el naturalismo en las actuaciones y eso es un desafío sumamente interesante, ya que me pone en la necesidad de buscar una verdad pero equilibrarla con el dolor de guata que te dice “chuta, ojalá esto le guste” y que al verlo no se sienta pasado a llevar. ¡Pero creo que lo logramos bien! Cuando vi a Cristian ganar la medalla de oro en ese último tramo de los Juegos Paralímpicos se me cayó una lágrima y saber que iba a ser yo quien lo interpretaría fue un honor. Estoy muy contento con el trabajo que realizamos. Espero que pronto vea la luz y que los espectadores conecten, para así poder tener conversaciones sobre deporte, inclusión y personas con diferentes capacidades.
— ¿Qué le depara a tu futuro actoral?
Como todo actor en Chile, mi futuro se va armando semestre a semestre. Me encantaría poder comenzar a trabajar en países cuyo cine admiro, como Argentina, México y España. Aunque claro, mi corazón siempre va a estar con Chile y sus historias. De hecho, hace poco terminé de grabar “La oveja”, una cosita que retrata la vida en el campo chileno. Soy un apasionado por la actuación; si me asignan un rol que me haga sentido con mi línea editorial/política, lo tomaré feliz. Voy a estar feliz esperando las oportunidades que vengan y, en paralelo, creando mis propias oportunidades, sobre todo con lo que está ocurriendo ahora con los rectores en Cultura. Con el poco financiamiento que existe, los artistas tenemos que crear nuestras propias oportunidades y comenzar a gestar nuestro futuro. Pero en resumen, estoy emocionado por lo que depara mi destino.

“La misteriosa mirada del flamenco” (Diego Céspedes, 2025) es exhibida a lo largo de Chile como parte del ciclo “Cine, desobediencia y futuros posibles” del 4º Mes de la Red Salas de Cine de Chile.