Fotografías por Kenia Castillo (@bluemphasis)
Con un espectáculo de tres horas, la cantautora mezcló música, teatro, performance y narrativa audiovisual en sintonía con su último disco, Femme Fatale.
La noche del jueves, Mon Laferte volvió a confirmar por qué atraviesa uno de los momentos más sólidos y ambiciosos de su carrera. En un repleto Movistar Arena, la artista regresó al país tras su triunfal paso por el Festival de Viña del Mar 2026 —donde incluso recibió la histórica Gaviota de Platino— con un espectáculo de tres horas que mezcló música, teatro, performance y narrativa audiovisual.
Desde antes del inicio del show ya se percibía que no sería una noche cualquiera. Poco a poco, el Arena comenzó a llenarse de fans vestidos de gala, con velos, vestidos negros, bandas estilo concurso de belleza y pelucas rubias inspiradas en la actual era estética de Laferte.
La atmósfera parecía una extensión del universo “Femme Fatale”, concepto que atraviesa su nueva gira y que resignifica la idea de la mujer fatal desde distintas emociones y personajes. “Hoy día todas son reinas”, lanzó la cantante en uno de los momentos más celebrados del concierto.

Dividido en cuatro actos y un bis final, el espectáculo mostró a una Mon Laferte en constante transformación. El show abrió con una Mon Laferte cubierta por un velo y con una puesta en escena que simulaba una ceremonia nupcial oscura y elegante. Desde el primer minuto dejó claro que “Femme Fatale” no sería solo un concierto, sino un relato dividido en cuatro actos, donde cada segmento tenía su propia estética, iluminación y emocionalidad. A ratos aparecía vulnerable y melancólica; en otros, desafiante, provocadora y completamente desatada sobre el escenario.
Hubo cambios de vestuario, interludios teatrales y una cuidada puesta en escena que sostuvo la intensidad durante más de 180 minutos. La artista recorrió gran parte de su discografía, aunque con especial énfasis en las canciones de “Femme Fatale”, álbum lanzado en 2025 y que sirve como columna vertebral de esta gira internacional.
Cabe destacar la inclusión de canciones como Flor de Amapola o Vuelve por favor, pertenecientes a sus primeros discos como independiente, y que de alguna forma encontraron su lugar en la actual gira.

Lejos de apostar por colaboraciones o apariciones sorpresa, Laferte decidió sostener el show únicamente con su banda y un equipo artístico de primer nivel. Bailarines-cantantes, Misses-actrices-bailarinas… Todo cabía en este nuevo mundo de la artista viñamarina. Mención honrosa a la presencia del músico chileno Sebastián Aracena, pieza clave en los momentos más íntimos.
La teatralidad fue uno de los sellos más notorios del concierto. Cada acto presentó una estética distinta: desde momentos más oscuros y dramáticos hasta segmentos de celebración, sensualidad y liberación. Todo acompañado por visuales cinematográficas, coreografías y una banda capaz de transitar entre el jazz, el bolero, el rock y la balada sin perder cohesión.
El cierre llegó pasada la medianoche con “Vida normal”, canción que puso punto final a una presentación maratónica y ovacionada. Más que un simple concierto, el regreso de Mon Laferte al Movistar Arena terminó sintiéndose como una obra completa: íntima, exagerada, emotiva y profundamente teatral.